
Recién Bañada
Para empezar a hablar de la Cookie debo decir que pasé mucho tiempo deseando un perro, el último que tuve (en el 2002) se llamaba Dizy y tuve que regalarlo porque expandimos la casa y el patio se volvió prácticamente inexistente, estaba cachorro y apenas estuvo un mes conmigo, se lo regalé al esposo de mi hermana y se lo llevó a una finca donde podía correr, jugar y ser feliz.
Después de eso mi casa siempre estuvo llena de gente y con poco espacio así que mi señora Madre no estuvo de acuerdo en que volviésemos a tener mascotas, hasta que en casa de una amiga de ella conoció a la Cookie, mi sobrina que andaba con mi Mamá se enamoro de ella y la dueña de casa le dijo que era la última que quedaba de un parto reciente de su perra, que si quería podía llevársela.
Contra todo pronóstico mi Madre estuvo de acuerdo, esa tarde estaba en casa de Gabo cuando me llamó para decirme que me tenía un regalo, por fin podría tener una perrita, me puse muy feliz y eso sin conocerla. Cuando por fin posé mis ojos en su cuerpo de bolita de pelo, ojos pequeñitos y colita semi-pelada fue un amor instantáneo.
Al día siguiente la mandé al veterinario por sus vacunas y algo para su colita que estaba pelada a medias porque su Madre la había mordido y no lucía nada bien, pero era una tontería comparada con todo lo linda que era ella, le compré una camita y toda la parafernalia para bañarla, alimentarla, pasearla etc. estaba dispuesta a ser una excelente ama.
Pasé una noche debatiendo con mis amigos sobre que nombre ponerle, me salieron con cada sugerencia… pero al fin me decidí a ponerle Cookie, obvio porque era peluda y adorable como el Cookie Monster. En la casa todos se encariñaron rápidamente con ella, mi Mamá mi Papá, mis sobrinos, uno de ellos se la llevaba todos los días a su casa para que pasara acompañada mientras había alboroto en mi casa y luego la llegaba a dejar por las tardes. Así pues en los pocos días que estuvo con nosotros la Cookie escuchaba mis pasos y salía corriendo y moviendo su colita a escapar de botarme y enredarse en mis pies.
En los últimos dos días se enfermo mucho y su estado se fue deteriorando muy rápido, empezó a tener convulsiones sin motivo aparente, cada vez más seguidas y perdía a ratos la movilidad de sus patitas traseras y el control de su cuerpo después de convulsionar. La llevé dos veces al veterinario en menos de 24 horas, lamentablemente su cuadro siguió empeorando en lugar de mejorar, la pobre intentaba ponerse en pie y no podía, convulsionaba cada vez más seguido y desde anoche no quería tomar agua ni comer, me pasé las últimas horas del 2010 junto a su cama, limpiándola y vigilándola para que no se golpeara. A las 3:30 am mi Madre me relevó y estuvo pendiente de ella junto con mi Padre hasta que desperté.
Por la mañana la llevamos al vet, pensando en ponerla a dormir porque nos partía el corazón ver el estado en que estaba, el vet me dijo que esperara, que le diera tiempo que era una pena dormir a una cachorrita tan pequeña (tenía menos de tres meses), así que le puso más vitaminas y medicamentos para las convulsiones, me mando a casa con nuevas instrucciones y me dijo que esperara, pero ya no mejoró y su estado fue más bien en declive, no logramos hacer que tomara nada y la pobre ya no podía ni levantarse, ya no tenía fuerzas ni para llorar, le hablaba e intentaba moverse, pero no podía.
Al final llamé al veterinario y lo saqué de su casa, me costó mucho decidirme, pero preferí ponerla a dormir y ayudarle a descansar eventualmente su corazoncito se iba a agotar con tantas convulsiones, pero yo no quería que siguiera sufriendo, me partía el alma verla luchar por levantarse y respirar trabajosamente. En estos momentos Gabo cava el lugar donde dormirá para siempre.
Quizá parezca exagerado, pero en tres semanas le tomé mucho cariño a esta perrita, el día de hoy ha sido uno de los más difíciles, pero me consuela saber que tuvo cariño en sus últimos momentos y que ahora ya descansa y no sufre más.